Aunque la palabra “motor” puede llevar a la idea de una maquinaria compleja, en realidad un motor simple no es más que un dispositivo que puede producir energía mecánica a partir de otra forma de energía.
Así, un sencillo molino es un verdadero motor, ya que es capaz de convertir la energía eólica relacionada con el viento en el trabajo necesario para la molienda de los granos. De la misma manera, un motor eléctrico consiste en una maquinaria mediante la cual la energía relacionada con la electricidad se convierte en energía mecánica.
En la actualidad, esta tecnología se encuentra enormemente difundida en hogares, industrias y comercios. Algunas de estas máquinas utilizan corriente alterna, mientras que en otras se emplea la corriente continua. De un modo u otro, la corriente eléctrica circula a través de un conductor y, como toda corriente en movimiento, genera consigo un campo magnético. La interacción entre los distintos campos magnéticos producidos con este recurso da lugar a fenómenos de desplazamiento, que resultan en la generación de energía mecánica en distintas proporciones.
Este mecanismo es el responsable del funcionamiento de estructuras tan diversas como algunos vehículos (locomotoras eléctricas, helicópteros), elementos industriales (taladros, turbinas), artículos del hogar (ventiladores, procesadoras, hornos de microondas) e incluso los miembros y los sistemas de traslado de los robots.
De esta manera, los principios físicos básicos que gobiernan la acción de un motor simple se expresan en la vida diaria, ya que permiten tanto la facilitación de distintas tareas laborales como el desempeño de muchas acciones cotidianas.



